viernes, 19 de marzo de 2010

CEFERINO MAESTÚ EN CASTELLÓN (Crónica)



En la tarde del pasado martes día diecisiete, en el marco de los “TERCEROS MARTES HISPÁNICOS” convocados por la Asociación Cultural “Colectivo33”, y en el seno del Centro Cultural “Castalia Iuris”, pronunció una interesante conferencia el histórico sindicalista D. Ceferino Maestú Barrio.

A sus 90 años, este luchador incansable por la justicia social, humanista por formación y por convicción, hizo una clarísima exposición de la situación actual de España y apuntó sin rubor a la que entiende, no ya como única manera digna de salir de la crisis en que vivimos, sino como manera de vivir la vida con una dignidad que supera los atavismos mercantilistas de una sociedad muerta.


Manera digna que tiene dos claras vertientes: La socialización del crédito, y la creación de empresas cooperativas. Dos argumentos que desde siempre fueron base de su formación, y que apuntan a ser la única salida de la crisis; dos argumentos sencillos de enunciar, pero ciertamente complicados de aplicar.

Incidió muy especialmente en el segundo de los argumentos, y señaló que las expectativas que tienen los par

ados españoles de más de treinta años de edad son dos: la indigencia o el cooperativismo, y animó a que se genere todo tipo de empresas cooperativas, ahora que los parados tienen, todavía, acceso a algo de dinero.



Labor ciertamente difícil, pero no imposible que, según argumentaba el histórico luchador, implica un profundo cambio de conceptos en relación al mundo laboral y la empresa, pues los trabajadores, sin perder la condición de tales, se verán cargados con la responsabilidad del empresario, y ello, si por una parte genera complicaciones, por otra genera posibilidades de desarrollo personal y social.


El cooperativismo es, así, según Ceferino Maestú, una forma de realizar la proyección humana sobre las cosas; una forma de humanizar el mundo laboral y el mundo empresarial, compaginando lo que, en esencia, y desde un punto de vista humanista, jamás debió estar separado.

En definitiva, una excepcional jornada que acabó apresuradamente como consecuencia de que el nivel de participación del público asistente alargó la sesión bastante más de lo debido, y la tiranía del tiempo, ante quién todos sucumbimos, se impuso.



Gracias a Ceferino
Maestú por su lección magistral, y gracias a Castalia Iuris por su apoyo.

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